Cuenta la leyenda que la amistad es como una poción. Mezclas en un caldero un poco de cariño y confianza y aquellos que la toman caen en un hechizo, independientemente de los gustos o los parecidos entre ellos. Es tan fuerte que hasta los roces diarios que se suelen dar quedan insignificantes. No hace falta aprender a vivir con ellos porque ya sabes hacerlo, no requiere ningún esfuerzo, fluye como agua ladera abajo. Sin embargo, hay algunas relaciones que duran más que otras... ¿qué sentido tiene si todos bebemos de la misma jarra? Puede que la confianza cale mas en unas personas que en otras o que el cariño no tenga la misma intensidad.
Contra este hechizo ¿deberíamos luchar para que la amistad creada no cambie? ¿o deberíamos dejar que la amistad se disipe porque no encajamos? ¿ Aceptar lo sobrenatural? ¿o luchar contra el destino?
La respuesta debería ser no decaer... pero cuando se intenta resistir y más factores juegan en nuestra contra... perdemos. Perdemos el cariño y la confianza. Muchas veces se van por la puerta trasera sin hacer ruido, otras se despiden de ti con un portazo y otras... otras las agarra el tiempo y la distancia y las separa sin piedad dejando un silencio ensordecedor en la habitación.
Admitamos que la amistad, es algo mágico, pero hasta la magia puede ser negra.