El ruido inunda nuestras vidas de manera sorda y lenta. Cala como el agua en la tierra nada más llover y se integra como si estuviera alimentado a nuestro cuerpo. Se convierte en una fuente de energía constante que parece que si cesa nos genera agotamiento y desesperación. Lo que en un principio era un problema, se ha reconceptualizado como una característica del ser.
Qué opresor es el ruido, que nos acecha y ahoga y no nos damos cuenta. ¿qué peor mal hay que aquel que no aceptamos?. Es un machaque constante que azota nuestra cabeza. Es como si el ruido nos moldease a su antojo para ser pasivos ante el. Así no nos quejamos de la injusticia que es el dolor y el malestar que produce. Una reestructuración mental de un ser externo que ha sido creado por nosotros con unos propósitos que han degenerado en sonidos molestos. ¿disfrutamos con la autodestrucción? ¿o es que los que más estimulan el ruido todavía conservan esos valores de prosperidad y somos nosotros los que no sabemos interpretarlos?
El ruido cala tan profundo que se acopla hasta en los rincones más profundos a los que solo tendríamos que tener acceso nosotros. Es un peso que trasportamos por motivos desconocidos.¡Qué fácil sería si lo único que oyéramos fueran los pájaros piar y el aire acariciando las hojas de los árboles!
Solo en el momento que lo identificas como un problema te das cuenta que es la causa de tus comportamientos y decisiones. Que es más que una simple consecuencia de la sociedad. Todo este tiempo lo hemos estado manteniendo en secreto y resulta que es un problema que nos afecta a todos. Pero cuando quieres ahogar un grito a modo de protesta, levantar armas contra esa soga que quiere matar a toda la sociedad, el miedo te abraza por la espalda como si sus manos fueran de hierro y te impide respirar. Entonces preferimos quedarnos en la zona de confort atado por cadenas en lugar de sufrir un pequeño desencanto y encontrar finalmente la libertad.
Pero, ¿cuál es le miedo que más fuerte aprieta y el que finalmente nos retiene? ¿el romper los esquemas a nuestros familiares? ¿tener que enfrentarnos a lo desconocido? ¿la soledad que se puede encontrar en ese lado de la vida del que pocos hablan?
Muchas veces es necesario ponerse tapones y seguir hacia delante. Lo único que se escucha son nuestros pensamientos aflorando por esos espacios que habían sido tomados por el mundanal ruido. Qué bueno cuando la inteligencia declara la guerra a los estereotipos, y aún es mejor cuando Atenea acaba ganando.
El conocimiento y el control de uno mismo puede que sean los únicos capaces de mantenernos rectos en el camino de la vida que queremos llevar, batiendo en duelo a todo ruido que se acerque, acabando con todas las construcciones sociales que nos martirizan. Pero para alcanzarlo hace falta amor a uno mismo y confianza, toneladas y toneladas de confianza.