CAMINO
DE SANTIAGO
Miércoles 6 de Febrero
Después de los agobios de
preparar la mochila, comprar lo que nos faltaba y asegurarnos de que no nos
pesaba mucho, llega el momento. Estamos en la estación del ave con nuestros
padres, sintiendo una mezcla entre nervios y miedo ya que todo el mundo nos
habían hablado del mal tiempo que iba a hacer y de las ampollas que nos iban a
salir…Aún así, llevamos nuestro macuto y nos disponemos a emprender el Camino
de Santiago, porque ni las advertencias nos frenan. Llega la hora de montarnos,
se ven abrazos, besos y los últimos consejos.
Una vez montados en el
ave, nos tranquilizamos y comienzan las risas, aunque aún tímidos porque no nos
conocemos entre nosotros.
En Chamartín, nos hemos
hecho una foto todos juntos, la primera de muchas, y nos han propuesto un juego
para ayudarnos y conocernos entre nosotros. Consiste en que cada uno tiene el
nombre de un compañero, al que tiene que acercarse y ayudar en todo lo posible.
El viaje en tren ha sido
horrible, bueno no para todos. Algunos se durmieron muy temprano, otros estaban
con los ojos cerrados intentando aunque sea solo descansar, otros se habían rendido
al sillón y se habían tirado al pasillo a dormir y otros hablaron hasta tarde porque
los nervios y la butaca les impedían conciliar el sueño.
Jueves 7 de Febrero
Llegamos a Sarria muy
temprano. La mayoría no podemos tirar de nuestra alma porque no hemos
descansado bien, pero estamos allí y con ganas nos ponemos a andar.
Después de un rato, los
grupos se dividen dependiendo de la velocidad del paso. En cabeza, los jinetes
del apocalipsis, que ni un merendero les frena, en segundo lugar, los que
llevan un ritmo medio y cerrando el paso a los que nos costaba más.
Al llegar a Portomarín
comimos (con muchas ganas) y la tarde la pasamos durmiendo, no dimos para más.
Viernes 8 de Febrero
Segundo día de caminata,
ya el orden estaba casi predeterminado. Algunos valientes echaron a andar
detrás de Álvaro, los demás nos conformamos con ir a nuestro ritmo. El paisaje
fue totalmente distinto, Sarria-Portomarín era un camino llevo de ríos ( María
da fe de ello, que nada más empezar ya llevaba los pies encharcados, aunque Ana
tampoco se quedó atrás) y de campos y este fue por carretera, pero hasta esta
tenía encanto. Paramos a comer para coger fuerzas y continuamos.
Un grupito, no contento
con andar 25km, se pasó el albergue y anduvieron 2km de más.
La enfermería del viernes
fue muy ajetreada. Cuando parecía que Blanca acababa de curar el pie de María,
aparecía otra ampolla. Además estaba el dedo infectado de Sergio dando guerra.
Sábado 9 de Febrero
La etapa más larga. A
estas alturas ya no sabíamos que preferíamos, si subir las cuestas o bajarlas.
Por la mañana salimos
temprano, pero no lo suficiente, cuando empezamos a andar ya era muy tarde,
pero no hay remedio,, somos muchos. Se me han vuelto a hinchar los labios,
ahora soy Carolina alias ‘morritos calientes’. Paramos a comer en una pulpería.
Alison descubrió que le gustaba el pulpo, aunque algunos no fueron tan
atrevidos y pidieron platos combinados.
Nuria tenía fiebre y se
ha tenido que ir en taxi en el último tramo. Hizo bien porque cuando parecía
que llegábamos todavía quedaban bastantes kilómetros. Llegamos de noche y nos
fuimos directos a las duchas, allí dimos un concierto para todos aquellos que
estaban en el baño, menos mal que el albergue estaba aislado. Miguel tenía
razón, era un albergue precioso, pero no lo pudimos disfrutar mucho porque como
ya he dicho, llegamos de noche. Cenamos bocatas en el comedor que había allí y
al terminar nos reunimos todos para hacer un balance de lo bueno y malo ya que
era el ecuador del Camino. Por supuesto, lo positivo tenía más peso. Todos estuvimos
de acuerdo en que el Camino estaba sacando lo mejor de nosotros mismos, que
estábamos conociendo nuestra resistencia y que a pesar de los dolores siempre
quedaba tiempo y ganas para los demás.
Domingo 10 de Febrero
Se terminó el buen
tiempo, amanecimos y ya estaba lloviendo así que desde por la mañana nos
pusimos los chubasqueros. ¡Se me habían deshinchado los labios! Pero el mote ya
se me ha quedado para siempre. Nuria se encontraba mejor y se decidió a seguir
caminando.
Para mí fue el peor día y
cuando llegué al albergue me parecía mentira. Como recibimiento después del
granizo, me duché con agua fría. Salimos a comer a las 5 de la tarde y al
terminar fuimos a misa. Era la iglesia de Santa Eulalia, tenía una estructura
muy original, la pared del altar tenía forma de vieira. El cura, nos contó que
la iglesia era famosa por ser el lugar donde los peregrinos se limpiaban
espiritualmente antes de llegar a Santiago. Muchos aprovecharon y se
confesaron.
Lunes 11 de Febrero
Por fin, el último día de
andar. Amaneció todo encapotado pero todos sabíamos que iba a ser una jornada
muy especial y empezamos con ganas.
Lo que al principio
parecía un grupo de gente totalmente desconocida, ahora era una piña. Todos
hablábamos con todos como si nos conociéramos de toda la vida.
Paramos en Monte Do Gozo,
que muy sabiamente se llama así, porque desde ahí se ve Santiago y los
peregrinos se llenaban de gozo. Ahora, desde allí, no se ve la Catedral, pero a
nosotros no nos importó, porque sabíamos que quedaba muy poco.
Pasamos por delante del
aeropuerto, que fue curioso porque la verja que lo cerraba estaba llena de
cruces hechas con palos, que de alguna forma nos dio fuerzas.
Dejamos atrás el bosque
para adentrarnos en la ciudad. Pasamos del silencio de la naturaleza al ruido
de los coches y de los semáforos; aunque para ruido el nuestro, que entramos
cantando:
“Ya estamos aquí ya hemos llegado somos los de
Toledo, de lo mejor de lo peor siempre
de buen humor, ey!”
Anduvimos calles y más
calles, chispeaba. Entramos a una calle desde la que se veía muy cercana la
Catedral, llevábamos una sonrisa de oreja a oreja, el “dolor” había merecido la
pena.
Nos paramos en la Plaza
de las Platerías donde Miguel propuso que entrásemos juntos cantando la canción
que nos había enseñado, y lo hicimos.
Nos encontrábamos al pie
de la Catedral y un montón de sentimientos llegaron a la vez; felicidad por
haber llegado, superación por haberlo conseguido, tristeza porque había
acabado… Tantas emociones, que algunos lloraron y entre nosotros nos abrazamos.
Abrazamos a los compañeros que nos habían ayudado de alguna forma durante el
camino y a nuestros amigos, porque lo habíamos logrado juntos.
Decididos, pasamos a
abrazar al Santo, a ver el Sepulcro de Santiago y a la Sacristía. El Pórtico de
la Gloria, como no, estaba en obras, asique no lo pudimos ver, pero eso ya no
importaba, ¡ESTABAMOS ALLÍ!
La gran experiencia de convivir durante 6 días
había terminado. Casi, sin darnos cuenta, compartíamos todo, nos esperábamos,
nos ayudábamos. Quizá no hicimos amigos
para toda la vida, pero nos unían más cosas de las que nos separaban.
Por la tarde fuimos a por
la Compostela, un documento que verificaba el esfuerzo y los kilómetros
andados. Y como no, las tiendas de regalos nos perdieron, y pasamos el tiempo
libre comprando recuerdos para nuestras familias y amigos invisibles.
Después de cenar, muertos
nos volvimos al albergue, pero antes en la plaza del Obradoiro, Miguel nos
contó el motivo por el que se llamaba Santiago de Compostela, que el Camino aparte
de tener un sentido católico y de vida, también era símbolo de sacrificio, de
compañerismo y que se podía extrapolar a los caminos de la vida ya que siempre
hay que mirar hacia delante y luchar por las metas.
A la mañana siguiente
fuimos a la misa del Peregrino y para nuestra suerte, aunque más para la
suya, Sergio y Jesús leyeron las
lecturas.
Esa tarde nos dimos el
amigo invisible, pocos acertamos quién era, pero las confusiones significaban
que aparte del juego, nos habíamos relacionado y ayudado de forma
desinteresada.
Y así es como llegó a su fin la actividad, aunque como en la puerta a la Catedral ponía Ω α, el fin del Camino es el principio de una nueva vida.
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| Amanecer en Sarria |
Sin duda alguna, un viaje que te ayuda a descubrirte a ti mismo, tus debilidades y tus cualidades. El silencio de la aventura te ayuda a reflexionar, y piensas, cuántos peregrinos habrán pasado por esos senderos, cuántas personas habrán tenido problemas y al llegar a Santiago los han visto desde otro punto de vista, cuántos habrán buscado refugio y tiempo en la Catedral, cuántos habrán ido buscando algo y han encontrado algo totalmente distinto... Durante muchísimo tiempo ese camino ha tenido visitantes y seguramente es porque todo el mundo que va se queda más que satisfecho, ya no solo de forma religiosa, si no espiritual y humana. A veces somos muy conformistas, pero ponerse metas y alcanzarlas, es muchísimo más satisfactorio que vivir sin un destino y sin saber nada del mañana.
C.L.P

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