martes, 26 de febrero de 2013

CAMINO DE SANTIAGO


CAMINO DE SANTIAGO

Miércoles 6 de Febrero
Después de los agobios de preparar la mochila, comprar lo que nos faltaba y asegurarnos de que no nos pesaba mucho, llega el momento. Estamos en la estación del ave con nuestros padres, sintiendo una mezcla entre nervios y miedo ya que todo el mundo nos habían hablado del mal tiempo que iba a hacer y de las ampollas que nos iban a salir…Aún así, llevamos nuestro macuto y nos disponemos a emprender el Camino de Santiago, porque ni las advertencias nos frenan. Llega la hora de montarnos, se ven abrazos, besos y los últimos consejos.
Una vez montados en el ave, nos tranquilizamos y comienzan las risas, aunque aún tímidos porque no nos conocemos entre nosotros.
En Chamartín, nos hemos hecho una foto todos juntos, la primera de muchas, y nos han propuesto un juego para ayudarnos y conocernos entre nosotros. Consiste en que cada uno tiene el nombre de un compañero, al que tiene que acercarse y ayudar en todo lo posible.
El viaje en tren ha sido horrible, bueno no para todos. Algunos se durmieron muy temprano, otros estaban con los ojos cerrados intentando aunque sea solo descansar, otros se habían rendido al sillón y se habían tirado al pasillo a dormir y otros hablaron hasta tarde porque los nervios y la butaca les impedían conciliar el sueño.

Jueves 7 de Febrero
Llegamos a Sarria muy temprano. La mayoría no podemos tirar de nuestra alma porque no hemos descansado bien, pero estamos allí y con ganas nos ponemos a andar.
Después de un rato, los grupos se dividen dependiendo de la velocidad del paso. En cabeza, los jinetes del apocalipsis, que ni un merendero les frena, en segundo lugar, los que llevan un ritmo medio y cerrando el paso a los que nos costaba más.
Al llegar a Portomarín comimos (con muchas ganas) y la tarde la pasamos durmiendo, no dimos para más.

Viernes 8 de Febrero
Segundo día de caminata, ya el orden estaba casi predeterminado. Algunos valientes echaron a andar detrás de Álvaro, los demás nos conformamos con ir a nuestro ritmo. El paisaje fue totalmente distinto, Sarria-Portomarín era un camino llevo de ríos ( María da fe de ello, que nada más empezar ya llevaba los pies encharcados, aunque Ana tampoco se quedó atrás) y de campos y este fue por carretera, pero hasta esta tenía encanto. Paramos a comer para coger fuerzas y continuamos.
Un grupito, no contento con andar 25km, se pasó el albergue y anduvieron 2km de más.
La enfermería del viernes fue muy ajetreada. Cuando parecía que Blanca acababa de curar el pie de María, aparecía otra ampolla. Además estaba el dedo infectado de Sergio dando guerra.

Sábado 9 de Febrero
La etapa más larga. A estas alturas ya no sabíamos que preferíamos, si subir las cuestas o bajarlas.
Por la mañana salimos temprano, pero no lo suficiente, cuando empezamos a andar ya era muy tarde, pero no hay remedio,, somos muchos. Se me han vuelto a hinchar los labios, ahora soy Carolina alias ‘morritos calientes’. Paramos a comer en una pulpería. Alison descubrió que le gustaba el pulpo, aunque algunos no fueron tan atrevidos y pidieron platos combinados.
Nuria tenía fiebre y se ha tenido que ir en taxi en el último tramo. Hizo bien porque cuando parecía que llegábamos todavía quedaban bastantes kilómetros. Llegamos de noche y nos fuimos directos a las duchas, allí dimos un concierto para todos aquellos que estaban en el baño, menos mal que el albergue estaba aislado. Miguel tenía razón, era un albergue precioso, pero no lo pudimos disfrutar mucho porque como ya he dicho, llegamos de noche. Cenamos bocatas en el comedor que había allí y al terminar nos reunimos todos para hacer un balance de lo bueno y malo ya que era el ecuador del Camino. Por supuesto, lo positivo tenía más peso. Todos estuvimos de acuerdo en que el Camino estaba sacando lo mejor de nosotros mismos, que estábamos conociendo nuestra resistencia y que a pesar de los dolores siempre quedaba tiempo y ganas para los demás.

Domingo 10 de Febrero
Se terminó el buen tiempo, amanecimos y ya estaba lloviendo así que desde por la mañana nos pusimos los chubasqueros. ¡Se me habían deshinchado los labios! Pero el mote ya se me ha quedado para siempre. Nuria se encontraba mejor y se decidió a seguir caminando.
Para mí fue el peor día y cuando llegué al albergue me parecía mentira. Como recibimiento después del granizo, me duché con agua fría. Salimos a comer a las 5 de la tarde y al terminar fuimos a misa. Era la iglesia de Santa Eulalia, tenía una estructura muy original, la pared del altar tenía forma de vieira. El cura, nos contó que la iglesia era famosa por ser el lugar donde los peregrinos se limpiaban espiritualmente antes de llegar a Santiago. Muchos aprovecharon y se confesaron.


Lunes 11 de Febrero
Por fin, el último día de andar. Amaneció todo encapotado pero todos sabíamos que iba a ser una jornada muy especial y empezamos con ganas.
Lo que al principio parecía un grupo de gente totalmente desconocida, ahora era una piña. Todos hablábamos con todos como si nos conociéramos de toda la vida.
Paramos en Monte Do Gozo, que muy sabiamente se llama así, porque desde ahí se ve Santiago y los peregrinos se llenaban de gozo. Ahora, desde allí, no se ve la Catedral, pero a nosotros no nos importó, porque sabíamos que quedaba muy poco.
Pasamos por delante del aeropuerto, que fue curioso porque la verja que lo cerraba estaba llena de cruces hechas con palos, que de alguna forma nos dio fuerzas.
Dejamos atrás el bosque para adentrarnos en la ciudad. Pasamos del silencio de la naturaleza al ruido de los coches y de los semáforos; aunque para ruido el nuestro, que entramos cantando:
 “Ya estamos aquí ya hemos llegado somos los de Toledo, de lo  mejor de lo peor siempre de buen humor, ey!”
Anduvimos calles y más calles, chispeaba. Entramos a una calle desde la que se veía muy cercana la Catedral, llevábamos una sonrisa de oreja a oreja, el “dolor” había merecido la pena.
Nos paramos en la Plaza de las Platerías donde Miguel propuso que entrásemos juntos cantando la canción que nos había enseñado, y lo hicimos.
Nos encontrábamos al pie de la Catedral y un montón de sentimientos llegaron a la vez; felicidad por haber llegado, superación por haberlo conseguido, tristeza porque había acabado… Tantas emociones, que algunos lloraron y entre nosotros nos abrazamos. Abrazamos a los compañeros que nos habían ayudado de alguna forma durante el camino y a nuestros amigos, porque lo habíamos logrado juntos.
Decididos, pasamos a abrazar al Santo, a ver el Sepulcro de Santiago y a la Sacristía. El Pórtico de la Gloria, como no, estaba en obras, asique no lo pudimos ver, pero eso ya no importaba, ¡ESTABAMOS ALLÍ!
 La gran experiencia de convivir durante 6 días había terminado. Casi, sin darnos cuenta, compartíamos todo, nos esperábamos, nos ayudábamos.  Quizá no hicimos amigos para toda la vida, pero nos unían más cosas de las que nos separaban.
Por la tarde fuimos a por la Compostela, un documento que verificaba el esfuerzo y los kilómetros andados. Y como no, las tiendas de regalos nos perdieron, y pasamos el tiempo libre comprando recuerdos para nuestras familias y amigos invisibles.
Después de cenar, muertos nos volvimos al albergue, pero antes en la plaza del Obradoiro, Miguel nos contó el motivo por el que se llamaba Santiago de Compostela, que el Camino aparte de tener un sentido católico y de vida, también era símbolo de sacrificio, de compañerismo y que se podía extrapolar a los caminos de la vida ya que siempre hay que mirar hacia delante y luchar por las metas.
A la mañana siguiente fuimos a la misa del Peregrino y para nuestra suerte, aunque más para la suya,  Sergio y Jesús leyeron las lecturas.
Esa tarde nos dimos el amigo invisible, pocos acertamos quién era, pero las confusiones significaban que aparte del juego, nos habíamos relacionado y ayudado de forma desinteresada.

Y así es como llegó a su fin la actividad, aunque como en la puerta a la Catedral ponía Ω α, el fin del Camino es el principio de una nueva vida.


Amanecer en Sarria


Sin duda alguna, un viaje que te ayuda a descubrirte a ti mismo, tus debilidades y tus cualidades. El silencio de la aventura te ayuda a reflexionar, y piensas, cuántos peregrinos habrán pasado por esos senderos, cuántas personas habrán tenido problemas y al llegar a Santiago los han visto desde otro punto de vista, cuántos habrán buscado refugio y tiempo en la Catedral, cuántos habrán ido buscando algo y han encontrado algo totalmente distinto... Durante muchísimo tiempo ese camino ha tenido visitantes y seguramente es porque todo el mundo que va se queda más que satisfecho, ya no solo de forma religiosa, si no espiritual y humana. A veces somos muy conformistas, pero ponerse metas y alcanzarlas, es muchísimo más satisfactorio que vivir sin un destino y sin saber nada del mañana.

C.L.P

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