domingo, 15 de mayo de 2016

PAZ INTERIOR

La vida es el regalo más hermoso a la par que misterioso que nos han podido conceder. Regalo porque no lo elegimos; somos una perfecta composición de hueso y carne a la que le confieren un alma capaz de sentir, emocionarse, crear… en términos actuales, somos una máquina diseñada para explotar las maravillas del ingenio y de la tierra.
¿Qué es la vida? La vida es un impulso constante de conocer. Fue en la película de Hacia Rutas Salvajes donde el protagonista decía: las nuevas experiencias alimentan el alma. Vida y alma parecen conceptos que se sincronizan, que van de la mano y comulgan a diario. El alma es el espíritu de reconocer lo bueno y lo malo; lo correcto y lo dañino; el amor y el odio. Es el pulmón moral.
Pero aparte de lo sentimental tenemos una necesidad física; ¡Qué sensación tan bonita es cuando al aire libre respiras por primera vez! El respirar es tan sencillo como revitalizante; cada segundo das una nueva oportunidad a ese mundo desconocido a perder esa característica. Qué bonito es hacer del mundo algo tuyo y propio. Qué bonito es ver como el alma da vida al cuerpo y el cuerpo da vida al alma.
No te das cuenta hasta que te haces mayor de que la vida es tan real que a veces se tronca injusta. ¿pero qué es la injusticia? La injusticia es el concepto que aplicas a una existencia que no tiene parámetros determinados y que sorprende al igual que aterra. El significado yace en lo más profundo del corazón de todos y nace por el sentimiento de aprobación que un acto te produce. Sin embargo, cada persona tiene su conciencia y su alma propia; característica que nos hace especiales, diferentes y extraños.
Para mí la injusticia dejo de existir cuando me di cuenta que nosotros no dominamos las emociones de nuestros seres más queridos. Digamos que es como el tiempo: siempre se ha querido controlar y solo hemos conseguido medirlo a través de los relojes. Podemos medir las acciones de nuestros amigos, opinar acerca de ellas,  pero nunca podremos mandar sobre las decisiones que se toman. Porque cada alma es distinta y es al fin y al cabo el alma la que dirige al cuerpo y el cuerpo el que termina con el alma.
Por eso, antes de juzgar es mejor perdonar y aceptar la realidad. Los hipotéticos casos solo destruyen la realidad y generan pensamientos negativos que acaban retroalimentándose. Hay que aceptar la diferencia y las elecciones que enraízan en las profundísimas entrañas del ser. Comprender los diferentes puntos de vista que son representaciones de las necesidades del alma.

SI quieres algo, déjalo ir, cuentan los refranes. Y es eso, deja que el alma se nutra de los compañeros que la vida te da el placer de conocer y prueba la experiencia de amar sin límites, más allá de la reprobación, más allá de la injusticia se encuentra la paz interior. 

miércoles, 3 de febrero de 2016

El ruido inunda nuestras vidas de manera sorda y lenta. Cala como el agua en la tierra nada más llover y se integra como si estuviera alimentado a nuestro cuerpo. Se convierte en una fuente de energía constante que parece que si cesa nos genera agotamiento y desesperación. Lo que en un principio era un problema, se ha reconceptualizado como una característica del ser. 
Qué opresor es el ruido, que nos acecha y ahoga y no nos damos cuenta. ¿qué peor mal hay que aquel que no aceptamos?. Es un machaque constante que azota nuestra cabeza. Es como si el ruido nos moldease a su antojo para ser pasivos ante el. Así no nos quejamos de la injusticia que es el dolor y el malestar que produce. Una reestructuración mental de un ser externo que ha sido creado por nosotros con unos propósitos que han degenerado en sonidos molestos. ¿disfrutamos con la autodestrucción? ¿o es que los que más estimulan el ruido todavía conservan esos valores de prosperidad y somos nosotros los que no sabemos interpretarlos?
El ruido cala tan profundo que se acopla hasta en los rincones más profundos a los que solo tendríamos que tener acceso nosotros. Es un peso que trasportamos por motivos desconocidos.¡Qué fácil sería si lo único que oyéramos fueran los pájaros piar y el aire acariciando las hojas de los árboles!  

Solo en el momento que lo identificas como un problema te das cuenta que es la causa de tus comportamientos y decisiones. Que es más que una simple consecuencia de la sociedad. Todo este tiempo lo hemos estado manteniendo en secreto y resulta que es un problema que nos afecta a todos. Pero cuando quieres ahogar un grito a modo de protesta, levantar armas contra esa soga que quiere matar a toda la sociedad, el miedo te abraza por la espalda como si sus manos fueran de hierro y te impide respirar. Entonces preferimos quedarnos en la zona de confort atado por cadenas en lugar de sufrir un pequeño desencanto y encontrar finalmente la libertad.
Pero, ¿cuál es le miedo que más fuerte aprieta y el que finalmente nos retiene? ¿el romper los esquemas a nuestros familiares? ¿tener que enfrentarnos a lo desconocido? ¿la soledad que se puede encontrar en ese lado de la vida del que pocos hablan?
Muchas veces es necesario ponerse tapones y seguir hacia delante. Lo único que se escucha son nuestros pensamientos aflorando por esos espacios que habían sido tomados por el mundanal ruido. Qué bueno cuando la inteligencia declara la guerra a los estereotipos, y aún es mejor cuando Atenea acaba ganando.
El conocimiento y el control de uno mismo puede que sean los únicos capaces de mantenernos rectos en el camino de la vida que queremos llevar, batiendo en duelo a todo ruido que se acerque, acabando con todas las construcciones sociales que nos martirizan. Pero para alcanzarlo hace falta amor a uno mismo y confianza, toneladas y toneladas de confianza.