La vida es el regalo más hermoso a la par que misterioso que
nos han podido conceder. Regalo porque no lo elegimos; somos una perfecta
composición de hueso y carne a la que le confieren un alma capaz de sentir,
emocionarse, crear… en términos actuales, somos una máquina diseñada para explotar
las maravillas del ingenio y de la tierra.
¿Qué es la vida? La vida es un impulso constante de conocer.
Fue en la película de Hacia Rutas Salvajes donde el protagonista decía: las
nuevas experiencias alimentan el alma. Vida y alma parecen conceptos que se
sincronizan, que van de la mano y comulgan a diario. El alma es el espíritu de
reconocer lo bueno y lo malo; lo correcto y lo dañino; el amor y el odio. Es el
pulmón moral.
Pero aparte de lo sentimental tenemos una necesidad física; ¡Qué
sensación tan bonita es cuando al aire libre respiras por primera vez! El
respirar es tan sencillo como revitalizante; cada segundo das una nueva oportunidad
a ese mundo desconocido a perder esa característica. Qué bonito es hacer del
mundo algo tuyo y propio. Qué bonito es ver como el alma da vida al cuerpo y el
cuerpo da vida al alma.
No te das cuenta hasta que te haces mayor de que la vida es
tan real que a veces se tronca injusta. ¿pero qué es la injusticia? La
injusticia es el concepto que aplicas a una existencia que no tiene parámetros
determinados y que sorprende al igual que aterra. El significado yace en lo más
profundo del corazón de todos y nace por el sentimiento de aprobación que un
acto te produce. Sin embargo, cada persona tiene su conciencia y su alma
propia; característica que nos hace especiales, diferentes y extraños.
Para mí la injusticia dejo de existir cuando me di cuenta
que nosotros no dominamos las emociones de nuestros seres más queridos. Digamos
que es como el tiempo: siempre se ha querido controlar y solo hemos conseguido
medirlo a través de los relojes. Podemos medir las acciones de nuestros amigos,
opinar acerca de ellas, pero nunca podremos
mandar sobre las decisiones que se toman. Porque cada alma es distinta y es al
fin y al cabo el alma la que dirige al cuerpo y el cuerpo el que termina con el
alma.
Por eso, antes de juzgar es mejor perdonar y aceptar la
realidad. Los hipotéticos casos solo destruyen la realidad y generan
pensamientos negativos que acaban retroalimentándose. Hay que aceptar la
diferencia y las elecciones que enraízan en las profundísimas entrañas del ser.
Comprender los diferentes puntos de vista que son representaciones de las
necesidades del alma.
SI quieres algo, déjalo ir, cuentan los refranes. Y es eso,
deja que el alma se nutra de los compañeros que la vida te da el placer de
conocer y prueba la experiencia de amar sin límites, más allá de la
reprobación, más allá de la injusticia se encuentra la paz interior.
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