Hoy es un día en el que todos nos acordamos de los niños con cáncer, ellos si que tienen que afrontar la realidad y sin conocerla y en muchos casos sin solución. Desde la experiencia, sé como es el cáncer, y por desgracia también conozco el cáncer infantil. Es increíble como la ignorancia a veces otorga la felicidad, aunque en casos la propia evidencia la destruye poco a poco, pero sin acabar con ella. Se pasan días buenos, días malos y días peores, pero en la mayoría se ve un rostro feliz, inocente lleno de esperanza que gracias a Dios se transmite a los padres.
El cáncer infantil, es un sufrimiento para el niño, que se somete a sesiones que el cuerpo no aguanta, para los padres que ven con sus propios ojos el estado de su hijo, para los hermanos, que maduran necesariamente de forma inmediata y comienzan a ver el mundo como adultos aunque continúen con sus pequeños cuerpos. La familia en general sufre, y todos prestan su ayuda y se encuentran disponibles las 24 horas del día por si algo se tuerce o empeora.
Dicen que Dios da sus peores batallas a sus mejores guerreros y yo me lo creo.
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