martes, 7 de mayo de 2013

Comienza a anochecer, parece que alguien está cubriendo al mundo con una manta azul oscura, porque sin darnos cuenta el cielo torna de color y la ciudad queda desiluminada.
Se echa de menos  el atardecer, que te deja ver y disfrutar toda una preciosa gama de colores, pero esta clase de luz, la luz de la luna, solo me la puede dar la noche. Aprovecho y camino por la ciudad, sin rumbo, sin dirección, solo, rodeado de sombras que parece que me persiguen pero en realidad consiguen del momento un momento armonioso, frío a la vez de cálido. 
Después de pensarlo mucho ,comienzo a correr, el pulso se acelera, mi organismo se activa, noto todos mis músculos en tensión pero no tengo tiempo para pararme y darme un pequeño masaje de destensión, llevo el tiempo justo asi que continuo.  Me siento libre, como un colibrí batiendo sus alas, con fuerza y potencia. Nada, y repito nada, podría parar esa carrera en la que quizás me estaba jugando todo. 
Sin poder evitarlo, la goma del pelo se me empieza a caer, deslizandose por mi cabello y para no perderla y no perder el tiempo, me la coloco en la muñeca. Mi pelo esta al aire y aumenta mi sensación de libertad y se mezcla con felicidad. 
Empiezo a pensar, ¿que me ha llevado a esa situación? ¿por qué corro a esas horas de la noche hacia un puente, lejos de mi casa? ¿lejos de mi familia? y sin remedio lejos de mi... ¿huyo de la soledad que pase? ¿huyo del silencio que presencie? ¿o son mis impulsos románticos los que me llevan hacia ese puente de la Ciudad Antigua? Conozco bien el camino, es más, le conozco más a él que a mí, hace un par de meses era una chica tímida, sin autoestima, solitaria, y hoy corro en tu busca, en mi busca. Quizás según te voy conociendo me voy conociendo más a mí. Quizás cada sonrisa tuya hace que incremente mi confianza. Quizás lo que necesite en este momento es alguién que me entienda como tú. Quizás cada abrazo me haga sentir única en el mundo y quizás consiga hacer tu mundo único.

Tantas incógnitas, y tan pocas soluciones... la única forma que encuentro para resolverlo es correr, correr y no mirar atrás. 

Se acerca el momento, no sé si estoy haciendo el ridículo o si estoy haciendo lo correcto. Definitivamente es absurdo, pero cuando me quiero dar cuenta estoy ya donde hemos quedado, donde solemos quedar, donde nos conocimos, donde nos miramos por primera vez, donde nos besamos, donde reímos y por desgracia lloramos, donde todo transcurrió y sin creermelo, acabó. El puente estaba vacío, solo oía mi respiración acelerada y a unos borrachos que andaban por ahí cerca. En contra de mí misma, una lágrima comienza a brotar de mi ojo izquierdo, dicen que si lloras por este es de tristeza. Miro al cielo, el mismo que nos dió cobijo y ahora observa como nos separamos, más bien, me observa a mí.
La noche está despejada, me centró en mirar a una estrella que luce con poca fuerza, parece que se apaga, pero persiste. Estoy totalmente sola y parece que a nadie le importa, el río transcurre su curso, el grillo sigue cantando y la luz de la luna que haría de este momento maravilloso, solo me transmite soledad y me hace sentir pequeña ante ella, porque esa noche estaba llena.
De repente un escalofrío recorre mi cuerpo y una mano me toca la espalda. Me quedo atónita, sobretodo cuando al oído y muy bajito oigo su respiración, al igual que la mía cuando llegué, entrecortada, forzada. Oigo su corazón latir, después el mío, así hasta que cogen el mismo ritmo. Me giro lentamente, desearía parar el tiempo y quedarme toda la vida mirando a esos ojos oscuros, sin ningún rasgo especial, pero un claro reflejo de su alma. Con ligereza me coge la mano, porque yo ni me inmuto, estoy en estado de shock. 
Nos seguimos mirando...

No hay comentarios:

Publicar un comentario