Es domingo, domingo de una calurosa semana. Desde el lunes se ha registrado una temperatura que es anormal para este clima. Ha sido la primera toma de contacto de este verano, un aviso de lo que nos espera, por eso mis padres y mi hermana han salido a comprar ventiladores. Yo he preferido quedarme en casa.
Hace poco que nos mudamos, mis padres estaban agotados de 'La ciudad del ruido', del tráfico, de las prisas... y del recuerdo. Todo les superaba. Decidieron comprarse una casita en pleno bosque a las afueras del pueblo en el que mi madre se crió, cercano a nuestro antiguo hogar. Yo me negué y me renegué ¿que podía darme el campo que no pudiera darme la ciudad?. Mi hiperactividad estaba unida a ella, necesitaba gente, bullicio y lo único que esa casa me proporcionaría sería soledad.
Estoy hojeando un libro que me regalo mi abuelo "Fauna y Flora: Las maravillas naturales del Mundo", constantemente se reía de mi cariño a la ciudad. Sin querer, mis pensamientos se van a otro lugar, lejos del libro, a un lugar que creamos él y yo... Cuanto le echo de menos. El sonido de las hojas del viejo árbol revolviendose entre ellas me trae de nuevo a la realidad y decido, para despejarme, mirar por la ventana. Me levanto de la cama y sin ponerme las zapatillas me asomo. Me extraño porque el suelo está frío en comparación a días atrás, pero me aguanto y observo. Está todo nublado, se aproxima tormenta.
Es una típica tormenta de verano, pero es distinta a las que estoy acostumbrada a ver. Decido quedarme mirando. En un abrir y cerrar de ojos comienza a llover. Cae con mucha fuerza. No sé si es el ruido de la lluvia por sí solo o el sonido que produce al caer en la tierra. Simplemente maravilloso. A esta gran orquesta se le unen los rayos y los truenos. 1,2,3,4,5,6.
Entonces mi instinto actúa por mí, me pongo una sudadera y bajo las escaleras despacio.
1,2,3,4,5
Los escalones rugen en cada pisada, chirrían, pero no me preocupo, sigo bajando.
1,2,3,4
La casa entera se ilumina con un rayo que acaba de caer. Tengo miedo pues con el libro aprendí que los árboles atraen a los rayos y yo estoy rodeados de ellos.
1,2,3 la tormenta está muy cerca.
Salgo al porche y me siento en un banquito que hay, refugiada de la tormenta. Es increíble porque no hace nada de frío, estoy en pantalones cortos y sin zapatillas. A él le hubiese encantado. Tenía un 6º sentido que nos avisaba de la lluvia, decía que era por el olor, pero yo solo huelo a bosque y a mermelada de frambuesa que mi madre estaba preparando antes de irse.
Mientras que observo este gran fenómeno atmosférico pienso en cuanto me quejé con la decisión de mudarme de casa, de las trabas que puse para vender la antigua y sin embargo, lo que necesitaba era cambiar. Ver desde otro lugar cosas tan sencillas y naturales como las tormentas. El cambio fue duro, pero muy bueno. En mis 16 años de vida no había visto nada semejante, los edificios me tapaban la gama de grises que se dibuja en el cielo.
Me sentí enormemente feliz de poder disfrutar esta imagen que quizás muchos nunca lleguen a ver, asi que salí de mi escondite para mojarme. Recibí el abrazo de la madre naturaleza con mucho gusto y me sentí afortunada por ello, entonces lo percibí. Percibí el olor característico del que mi abuelo hablaba y reconecté con él. Desde su muerte, no me había sentido tan feliz.
Cuando llegaron mis padres , ya me había duchado y secado, aunque los pies aun los llevaba un poco embarruzados y fríos. No entendieron el recibimiento que les hice.
Con una gran sonrisa les di la bienvenida y al oido les susurre...
"Gracias"
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